Martes 11 de Octubre de 2005. Entrado ya el siglo XXI. Era de PDAs, Moviles con tecnología cuatribanda, IPods, MP3, OLED, WWW y demás logros electrónicos, suena, en plena Avda. de Aragón de Valencia, el sonido de una flauta, como si del saltimbanqui de hamelín se tratara:
¡Ha llegado el afilador, se afilan los cuchillos, las estijeras, las navajas…!
…y uno recuerda su infancia, en la casita del pueblo, justo debajo de la casa de Pepe y Virgínia, delante de la ASOCIACIóN DE VECINOS (rezaba la pared, llena de mugre), tumbado en uno de los sillones a cuadros rojos y oir el sonido de la flauta, ver a mi madre salir con tres cuchillos y volver con dos cuchillos sin afilar y un amasijo de hierro porque la piedra del afilador era demasiado dura (o el afilador estaba muy fuerte, nunca se sabe).
Nuestro afilador venía en moto. Una mobylette roja que tenía la rueda enganchada a una cadena que hacía girar la piedra a cien mil revoluciones. Buena moto esa mobylette. Me gustaba mirar al afilador mientras hacía su trabajo y aún recuerdo lo que cobraba por cuchillo, estijera o navaja afilada…
…50 pesetas.


